domingo, enero 15, 2012

El verdadero valor de las cosas

Una de las cosas que más me ha llamado la atención desde que me he introducido en el fascinante mundo de lo hecho a mano, y que se aplica no sólo a éste, sino al comercio en todos sus aspectos, es el tema de los precios. Con el comercio general, no nos paramos mucho a considerar aspectos como el valor añadido, simplemente nos dejamos llevar por lo que nos ofrece la constante batalla de oferta y demanda: queremos un producto de la mayor calidad posible al menor precio posible. En principio, claro.

Porque en el fondo no siempre es así. No tenemos problema en adquirir productos de ínfima calidad si el precio es también ínfimo (léase Vidal, léase supermercados low-cost o incluso vuelos de avión tipo Ryanair). Nos quejamos, sí, pero sabemos que seguiremos adquiriendo estos productos porque queremos ahorrar dinero. Y también funciona al revés: no nos importa adquirir productos de precios muy elevados si consideramos que la calidad lo merece. Hablo de grandes marcas de diseño, aunque ahí también interviene el factor del prestigio de marca, o de productos de precios muy altos pero demostrada calidad (equipos de música Bang & Olufsen, televisores Sony, turrón 1880*).

¿Pero qué ocurre con lo hecho a mano? Se trata de un híbrido extraño. Por un lado responde a las leyes de mercado como todos los productos, pero por otro lado se mueve en el farragoso terreno del valor añadido, de una manera similar a cómo lo hacen marcas de calidad media que pueden permitirse precios elevados por el prestigio de marca (en el fondo uno no paga el producto, sino sus costosísimas campañas de promoción y su atractivo diseño): Tous, Benetton, etc. Del mismo modo, lo hecho a mano vende, por un lado, el producto, y por otro dos valores muy importantes: primero, que esto lo ha hecho a mano alguien, que no han intervenido máquinas, procesos de montaje y salarios injustos en el tercer mundo; segundo, que por las propias características de lo hecho a mano, es imposible crear en masa, y cada producto será, aunque levemente, distinto. Por tanto, obtienes exclusividad. O eso nos cuentan, sobre todo desde Etsy y otras empresas que hacen su agosto con la artesanía.

Un momento, ¿con esto quiero decir que lo hecho a mano no tiene salarios injustos?

Consideremos, por un momento, una evaluación idealista del producto hecho a mano, tomando como ejemplo un caso real. Llevo siete horas trabajando en un collar, y estimo que tardaré unas dos horas más en terminarlo. Pongamos que me adjudico un salario, tirando por lo bajo, que resultaría en unos 6 € por hora (eso si estuviéramos en una situación óptima en la que absolutamente todo lo que produzco se vende). También tengo que pagar Seguridad Social, impuestos, y etc, así que vamos a subirlo a 8 € la hora. Si tengo un local, tengo que pagar alquiler, facturas y etc, pero por ahora vamos a dejar eso de lado, ya que trabajo desde casa y afortunadamente no tengo que pagar facturas al estar en el hogar familiar.

A 8 € la hora, el collar ya tendría un coste de 72 €. Los materiales me han costado unos 15 €**, y eso también tirando por lo bajo (cuentas, pintura, barniz, fornituras). El resultado, sin meternos en IVA y etc., sería de un precio para el collar de 87 €. El comprador tendrá también que pagar gastos de envío, entre 4 y 5 € por correo certificado. En resumen, estamos hablando de una pieza que le costará más de 90 €, y ni siquiera está hecho de plata de ley, que es lo que el cliente suele exigir cuando se encuentra con piezas de ese precio (algo desternillante teniendo en cuenta el coste actual de la plata).

El collar seguramente se pondrá a la venta rondando los 60-70 €, y habrá quien, estando totalmente enamorado del collar, se queje del precio. Esto se debe a dos factores:
-el cliente no acepta el coste del valor añadido, es decir, espera un producto hecho a mano a precio de producto manufacturado.
-el cliente observa que otros vendedores de productos artesanales ofrecen precios mucho más bajos. El cliente no es consciente de que estos vendedores no intentan vivir de su trabajo, sino que son personas cuyo hobby es realizar productos artesanales y no les importa perder dinero con tal de tener la satisfacción de que alguien adquiera su creación. Generalmente estos suelen ser, por otra parte, generadores de productos de baja calidad (por falta de experiencia, falta de motivación económica, etc.), pero de vez en cuando te encuentras con casos escandalosos como increíbles collares de pedrería bordada (que podría estimarse perfectamente en 30 horas de trabajo, o más) por poco más de 100 €.

No critico esta actitud, ni mucho menos, al final es ese cliente el que manda, el mercado no entiende de moral o retribución justa. Pero pensad en ello la próxima vez que adquiráis un producto hecho a mano, valorad realmente cuánto tiempo se ha invertido en éste, y el coste material de su fabricación (ojo, que esto también lo digo en el sentido contrario, ¿realmente quieres gastarte 40 € en un collar "hecho a mano" que consiste en una cadena con una piedra colgando, de los cuales hay ocho mil exactamente iguales por todas las redes de supuesta artesanía?). Tal vez llegó la hora de comprar menos pero mejor, de reducir la basura que nos rodea para adquirir objetos únicos, maravillosos, que nos duren mucho tiempo y que despierten la admiración y curiosidad de los que nos rodean. Y está claro que hablo desde mi propio interés (ahí tengo mi página de Etsy, de Artesanio y de Facebook), pero también en el de tantos creadores alucinantes, auténticos artistas, que tienen que vender a precios de risa sus productos hasta conseguir que su marca alcance cierto prestigio que justifique unos precios que, de hecho, están más que justificados (si lo consiguen, claro).


*Para todos los escépticos: Probadlo.
**Aquí caigo en la contradicción. Me cuestan 15 € porque son materiales de calidad media, hechos en cadena, en masa, que intento optimizar. Si comprara materiales de óptima calidad, hechos y cortados a mano, serían más bien 50 €. Poco a poco procuro adquirir cada vez más materiales de este tipo, pero estamos en las mismas, se elevaría el coste de manera inaceptable para el comprador.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Uno de los elementos indispensables en mi guardarropía son los tradicionales chalecos de tres o cuatro botones (esos que comúnmente se conocen como "de vestir"). Acostumbro a acompañarlos con americanas de lana fría y el efecto resultante es, la mayor parte de las veces, aceptable. El año pasado, aprovechando que me encontraba en Londres y disfrutaba de cierta holgura económica (debido a las vicisitudes propias de mi oficio, y de que nada sirvieron los sabios consejos de mis amados padres acerca de las bondades del ahorro, voy alternando épocas de abundancia con otras de negrísima penuria) me permití el capricho de encargar un chaleco a medida en una afamada sastrería de Savile Row. Cuando llegó el momento de abonar la factura descubrí que, esta prenda de ropa, elaborada de una forma totalmente artesanal, era sustancialmente más barata que otras muchas de confección industrial, peor cortadas y de inferior calidad, que se vendían en las selectas tiendas del barrio de Mayfair (la italiana Harmont & Blaine, Ralph Lauren...). Esta experiencia me ha llevado a pensar que si le diésemos una oportunidad al sastre del barrio, iríamos mejor vestidos y, a medio y largo plazo, ahorraríamos dinero (y si no, pregúntenselo a sus abuelos).

Vil Traidor

¿Qué está sonando? "Blues from a gun"

Charlotte dijo...

Muy interesante. No he querido alargar más una entrada ya de por sí interminable, pero precisamente quería entrar más en detalle en la falsa "calidad" de algunas grandes marcas productoras en cadena. Victorio & Luccino, por ejemplo, creo entender que fabrican gran parte de su producción textil (por lo menos la alta costura) a manos de cuatro o cinco señoras mayores, expertas en su campo, en el ático de su casa en Sevilla, mientras que otras marcas, de hecho más caras, producen su gama alta en masa en países tercermundistas. El ejemplo del sastre de barrio es perfecto: lo artesano será siempre más caro, por no producirse en cadena y sin ayuda de maquinaria, pero no tanto como las grandes marcas de diseño para las que invertimos no en calidad, sino en reconocimiento, publicidad y prestigio.

Y tener un chaleco de Savile Row... bueno. Eso es tener un chaleco y lo demás son tonterías. Me recuerda a una periodista de moda que se gastó unos 1200 € en un sujetador hecho a medida en una corsetiére de París. El sujetador le duró dos o tres años, no porque fuera de mala calidad, sino porque era TAN cómodo, se ajustaba a ella de manera tan perfecta, que se lo ponía hasta para dormir.

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